
Carina Vuagnoux
Carina Marcela Vuagnoux nació en San Carlos Norte, provincia de Santa Fe, en 1970. Actualmente, reside en San Carlos Centro, donde sigue cultivando una sensibilidad poética profundamente arraigada en la memoria, la naturaleza y los vínculos afectivos. Desde sus años de escuela primaria, la escritura fue para Carina mucho más que una tarea: era una forma de acariciar el mundo con palabras, de habitar con ternura los silencios y los recuerdos.
Impulsada por una lectura temprana e impaciente, y alejada de las tecnologías, Carina encontró en la escritura un refugio y un canal de expresión íntima. Su pasión por la palabra se manifestó desde la adolescencia, cuando publicó sus primeros textos en el diario El Colono de Esperanza. Ya en 2017 participó activamente del Taller de creación literaria en la Biblioteca Popular Centro Rivadavia de San Carlos Centro, donde comenzó a dar forma a su voz propia, a su mirada sobre el mundo.
Desde entonces, ha publicado dos libros de poesía: Y buscaron otro nido... (2024) y Aquello que callan los árboles (2025). Ambas obras reflejan una poética íntima, sensorial y profundamente humana, donde los sentimientos más personales encuentran una forma de trascendencia a través del lenguaje. En sus textos, Carina se anima a explorar el dolor y la ternura, lo cotidiano y lo trascendente, siempre con una voz cercana y honesta. La naturaleza, las estaciones, los ciclos de la vida, el paso del tiempo y las emociones que despiertan los vínculos familiares y afectivos son temas que atraviesan su obra con profundidad y delicadeza.
«La poesía tiene manos misericordiosas, su voz declina odios y barbaries», escribe Carina, y esa frase puede funcionar como brújula de su estética. Su estilo es directo pero lírico, íntimo pero universal. A través de sus versos, la autora crea un espacio donde se entrelazan la fragilidad con la resistencia, el silencio con la belleza. Su escritura se sostiene en una mirada empática hacia el mundo que la rodea, capaz de encontrar sentido incluso en lo aparentemente intrascendente.
Además del trabajo con las palabras, Carina ha cultivado un fuerte lazo con su entorno familiar y afectivo, que se refleja también en su modo de hacer libros: ilustraciones realizadas por sus sobrinos y un dibujo de su madre forman parte esencial de su universo poético, aportando una dimensión visual que complementa y expande el texto. Para Carina, escribir es también un acto de amor hacia quienes la acompañan, una forma de homenaje silencioso a quienes dejaron huella en su vida.
Aunque no proviene del ámbito académico ni busca insertarse en circuitos literarios tradicionales, Carina ha sabido construir una voz propia, sólida, con identidad, que interpela al lector desde lo sensible. Su poesía no ofrece certezas, sino preguntas que abrazan, imágenes que se deslizan entre la tierra y el cielo, entre la memoria y la imaginación. Su mirada poética no es evasiva: se anima a tocar temas duros como la muerte, el desarraigo o la pérdida, pero lo hace desde un lenguaje que consuela y transforma.
Con una voz auténtica y cada vez más consolidada, se perfila como una autora capaz de conmover a lectores de todas las edades, especialmente a quienes buscan una literatura sincera, emocionalmente honesta y enraizada en lo cotidiano. Sus libros no se leen solo con los ojos, sino también con la memoria, con la piel, con el corazón.
Quien se acerque a su obra, encontrará una invitación delicada y firme a contemplar lo invisible, a escuchar lo que susurran las cosas que parecen calladas. Una poesía que no pretende explicar el mundo, sino hacerlo más habitable.